Ayuda para padres con hijos adolescentes que se ven superados

Si quieres cambiar la situación con tu hijo debes de empezar por cambiar tú mismo, y lo primero es cambiar tus percepciones, la forma de ver a tu hijo.

¿Qué ves en tu hijo?

Comportamientos y actitudes de jóvenes y adolescentes que te pueden resultar familiares

  • Mi hija adolescente de 16 años es rebelde y se droga. Nunca me escucha. ¿Qué puedo hacer?

  • Mi hijo de 13 años sufre porque no es capaz de generar amistades y los demás acostumbran a reirse de él y le hacen bullying.

  • Quiero enseñarle a mi hijo de 12 años el valor del trabajo. Pero para conseguir que haga algo tengo que supervisar cada uno de sus movimientos... y aguantar que se queje cada vez que da un paso. Me resulta mucho más fácil hacerlo yo mismo. ¿Por qué no puede hacer su trabajo con ilusión y sin que nadie tenga que recordárselo?

Estos son tres ejemplos de los muchos que podríamos poner, problemas serios y muy dolorosos, problemas que un enfoque de arreglos transitorios no puede resolver.

Como padres lo primero que tenemos que hacer es cambiar la percepción de nuestros hiijos

Elisa y Miguel, madre y padre que entendieron que primero tenían que cambiar ellos mismos.

Hace unos años, Elisa y Miguel se enfrentaban a una preocupación de este tipo. Elisa tenía un trabajo a media jornada que le permitía dedicar tiempo a sus hijos, además era una nadadora consumada que había participado en numerosas competiciones de natación en su juventud. Miguel dirigía un numeroso equipo humano en una importante compañía y le fascinaba el desarrollo personal y el liderazgo.

Uno de sus hijos, de 15 años, pasaba por un mal momento en el instituto. Le iba fatal en las clases, ni siquiera lograba seguir las instrucciones de los exámenes, por no hablar ya de obtener buenas notas. Era socialmente inmaduro y solía avergonzarles. Físicamente era pequeño, delgado, y carecía de coordinación (por ejemplo, en natación daba patadas al aire en vez de impulsarse). Los otros chicos, incluso sus hermanos, se reían de él.

A Elisa y a Miguel les obsesionaba el deseo de ayudarlo. Les parecía que si el «éxito» era importante en algún ámbito de la vida, era en su rol como padres donde su importancia era suprema. De modo que analizaban cuidadosamente sus actitudes y conducta con respecto a su hijo, y trataban de examinar las suyas. Procuraban mentalizarlo con técnicas de actitud positiva:

  • "¡Vamos, hijo! ¡Tú puedes hacerlo! Nosotros sabemos que puedes. Concéntrate y sigue las instrucciones del profesor".

Y si lo hacía un poco mejor, no escatimaban elogios para reforzar su autoestima: "Así se hace, hijo, no te rindas".

Cuando los otros se reían, sus padres se enfrentaban con ellos:

  • "Dejadle en paz. Está aprendiendo".

Y su hijo a veces lloraba por la frustración que sentía e insistía en que nunca sería bueno en nada y en que además, de todos modos, no le gustaba la natación. Nada de lo que hacían daba resultado y estaban realmente preocupados. Se daban cuenta de los efectos negativos que esto tenía en la autoestima del hijo. Trataban de animarlo, de ser útiles y positivos, pero después de repetidos fracasos finalmente hicieron un alto, pidieron ayuda, y empezaron a contemplar la situación desde un nivel diferente .....

Las percepciones y el efecto pigmalión

Miguel se dio cuenta del modo en que se forman nuestras percepciones sobre nuestros hijos y de que estas gobiernan nuestra manera de verles y comportarnos con ellos. Esto le llevó a descubrir las expectativas y las profecías de autocumplimiento o «efecto Pigmalión» que habían depositado en su hijo, y a comprender lo profundamente enraizadas que están nuestras percepciones en nuestras acciones. Aprendió que debemos examinar las gafas a través de las cuales vemos el mundo o a nuestros hijos, y que esas gafas dan forma a nuestra interpretación del mundo y la percepción que tenemos de ellos.

EFECTO PIGMALIÓNLOS SERES HUMANOS TENDEMOS A ACTUAR SEGÚN LAS EXPECTATIVAS DE LOS DEMÁSSi alguien nos valora, aumentará nuestra posibilidad de éxito

Efecto Pigmalión

El efecto Pigmalión se conoce como la influencia que una persona puede ejercer sobre otra, basada en la imagen que esta tiene de ella. Sus creencias podrán influir en el rendimiento del otro, de esta manera se buscará que sus expectativas sean ciertas y se hagan realidad con conductas que tiendan a confirmarlas. Este efecto también se conoce con el nombre de «profecía autocumplida», y así haremos todo lo posible para que aquello que consideramos o creemos que sucederá se haga realidad.

El origen del efecto Pigmalión se remonta a la mitología griega cuando un rey de Chipre encontró serias dificultades para enamorarse de una mujer, pues ninguna le parecía perfecta a su juicio. El escultor Pigmalión, decidió realizar una escultura de marfil a la que llamaría Galatea. Tal fue el amor que este rey le profesó por su perfección, que pidió a Venus que la convirtiese en una mujer de verdad. Con este mito queda reflejado que tanto quiso creer que la escultura estaba viva que finalmente consiguió que así fuese.

Si hacemos un balance de aquellas personas que han formado parte de nuestras vidas y cómo sus creencias sobre quiénes o cómo somos nos han afectado, e incluso la percepción que ellos tenían acerca de nuestras capacidades, nos daremos cuenta que el efecto Pigmalión puede tener tanto repercusiones positivas como negativas en nosotros.

Si alguien nos valora, aumentará nuestra posibilidad de éxito

Si alguien nos valora, nos anima o considera que somos capaces de alcanzar determinados objetivos, estará contribuyendo a que generemos lo que se conoce como creencias potenciadoras, es decir, creencias positivas acerca de nosotros que nos permiten alcanzar los objetivos y aumentan nuestro rendimiento. En cambio, si por el contrario, una persona no es capaz de percibir buenas habilidades en nosotros o simplemente no confía en nuestras capacidades para alcanzar aquello que deseamos, contribuirá negativamente en nuestra autoestima y por supuesto en nuestra capacidad para conseguir lo deseado, generando así unas creencias que tendrán un carácter limitante.

Efecto pigmalion en las Aulas. Este efecto se ha constatado en las aulas, en referencia a la influencia que los profesores ejercen sobre sus alumnos. Su rendimiento, y en consecuencia su éxito, en muchos casos queda condicionado por las expectativas que cada profesor deposita en su alumno. Es por ello por lo que profesionales de ese colectivo deben ser especialmente conscientes de la influencia generada, así como los padres con sus expectativas sobre sus hijos.

Finalmente decir que el efecto Pigmalión, como hemos leído en líneas anteriores, puede generar cambios en la actitud de la persona para lograr lo que desea. Es importante ser generadores de creencias positivas hacia los otros, al igual que debemos tenerlas hacia nosotros mismos. Ser consciente del papel influyente que ostentamos sobre los demás y sobre nuestra propia autoestima nos permitirá, no solo a los de nuestro alrededor conseguir aquello que desean, sino también a nuestra propia persona.

Fuente: https://www.psicoadapta.es/blog/que-es-el-efecto-pigmalion/

¿Cuándo fue la última vez que mostraste reconocimiento a tu hijo por algún logro personal, habilidad, capacidad, o actitud? Todos anhelamos ser reconocidos porque con el reconocimiento se pone de manifiesto nuestro VALOR como ser humano

Cuando Elisa y Miguel hablaron sobre las percepciones que nos gobiernan y sobre el efecto Pigmalión, y acerca de su propia situación, empezaron a comprender que lo que hacían para ayudar a su hijo no era acorde con el modo en que realmente lo "veían". Al examinar con toda honestidad sus sentimientos más profundos, se dieron cuenta de que su percepción realmente era que el chico tenía algún tipo de "retraso", le veían como si tuviese una "incapacidad" y consecuentemente así lo trataban, desde una posición en la que su percepción de lo que le ocurría a su hijo le hacía débil y vunerable.

Por más que hubieran trabajado su actitud y conducta, sus esfuerzos hubiesen sido ineficaces porque, a pesar de sus acciones y palabras, al ver a su hijo así, como un chico con algún tipo de deficiencia o dificultad o incapacidad, lo que en realidad le estaban diciendo era:

  • "No eres capaz. Alguien tiene que protegerte".

Empezaron a comprender que, si querían cambiar la situación, debían cambiar ellos mismos. Y que para poder cambiar ellos de una manera efectiva, debían primero cambiar sus percepciones, la forma de ver a su hijo.

¿Te avergüenzas de tu hijo?. El cambio de conducta que debemos hacer como padres.

Conducta de la Ética

En esta conducta el cimiento del éxito lo proporciona la ética, lo honesto. Las personas que eligen esta opción se conducen por principios tales como la integridad, la humildad, la mesura, el valor, la justicia, la paciencia, el esfuerzo, la fidelidad, la simplicidad o la modestia. Entienden que existen unos principios básicos para vivir con plenitud y las personas solo pueden experimentar un verdadero éxito y una felicidad duradera cuando aprenden esos principios y los integran en su carácter primario.

Conducta del Personaje

En esta conducta el éxito es lo superficial. Dinero, coches, casas, operaciones de cirujía, moda, joyas, lujos. Estas personas se conducen por las apariencias, por la obsesión por la imagen, por mostrarse siempre felices y rodeadas de sonrisas y objetos. Las técnicas y los arreglos transitorios que utilizan para solucionar problemas vitales agudos que tienen a veces parecen solucionar las cosas temporalmente, pero dejan intactos los problemas crónicos subyacentes, que empeoran y reaparecen una y otra vez.

Resulta tremendamente complicado abstraerse de los mensajes que recibimos sobre lo que es el éxito basado en la Conducta del Personaje en esta sociedad, el bombardeo es continuo. A todos nos gusta creer que nos conducimos desde una Conducta de la Ética y no desde una Conducta del Personaje pero lo cierto es que es fácil dejarnos arrastrar por la Conducta del Personaje buscando un reconocimiento de los demás en base a lo que tenemos y podemos mostrar. A todos nos gustaría poder presumir de hijos.

Elisa y Miguel comprendieron que esta Conducta del Personaje era la fuente subconsciente de su forma de actuar con su hijo. Sus otros dos hijos eran brillantes en los estudios, tenían un comportamiento muy educado, hacían deporte y su vida social y de amistades era fantástica. Se dieron cuenta enseguida que habían estado obteniendo "beneficios sociales" de la buena conducta de sus otros hijos, y, según esta forma de ver el mundo, uno de sus hijos simplemente no estaba a la altura de sus expectativas. La imagen de ellos mismos y de su rol como padres buenos y cariñosos pesaba mas que la imagen que tenían de su hijo. En el fondo, el modo en que veían y manejaban el problema implicaba mucho mas que su preocupación por el bienestar de su hijo inadaptado.

Elisa y Miguel tomaron dolorosamente conciencia de la poderosa influencia que ejercían sus motivos y su percepción del hijo en su forma de actuar con él. Sabían que la comparación social como motivación no estaba de acuerdo con sus valores mas profundos como personas, y que esa comparación social podía conducir a un "amor condicionado" (si haces las cosas como las hago, o si te comportas de forma similar a la mía, yo te querré mas) y reducir el sentido de los propios méritos de su hijo. Y esto es lo que hicieron:

Decidieron centrar sus esfuerzos en ellos mismos, no en las técnicas que ponían en práctica con su hijo, sino en sus propias motivaciones más profundas y en la percepción de su hijo. En lugar de tratar de cambiarlo a él, procuraron apartarse -tomar distancia respecto de él- y esforzarse por percibir su identidad, su individualidad, su condición independiente y su valor personal.

Gracias a esta profundización en sus pensamientos empezaron a ver a su hijo en su propia singularidad. Vieron dentro de él capas y mas capas de potencial que iban a dar frutos con su propio ritmo y velocidad. Elisa y Miguel se relajaron y se apartaron de su camino, permitieron que emergiera su propia personalidad. Aceptaron que su rol natural consistía en afirmar a su hijo, disfrutarlo y valorarlo.

También escribieron, para no olvidarlos, los motivos y los principios que realmente eran importantes para ellos en la vida, y trabajaron en sus fuentes interiores de seguridad para que su percepción acerca de sus propios méritos no dependiera de la conducta "aceptable" o no de sus hijos. Pusieron el foco en la Conducta de la Ética.

Al deshacerse de la antigua percepción de su hijo y desarrollar una nueva percepción basada en sus valores, empezaron a surgir nuevos sentimientos. Elisa y Miguel se encontraron disfrutando de él, en lugar de compararlo y juzgarlo. Dejaron de tratar de hacer con él un duplicado de su propia imagen o de medirlo en función de ciertas expectativas sociales. Dejaron de manipularlo amable y positivamente para que se adecuara a un molde social aceptable y establecido. Como lo consideraban en esencia apto y capaz de afrontar con éxito la vida, dejaron de protegerlo cuando sus hermanos y otros pretendían ridiculizarlo. Había sido educado a la sombra de esa protección, de modo que atravesó algunas etapas dolorosas, que él expresó a su manera y que Elisa y Miguel aceptaron, pero a las que no siempre respondieron. "No necesitamos protegerte —era el mensaje tácito—. Básicamente, puedes valerte por ti mismo."

¿Qué ocurrió con el hijo?

A medida que pasaban las semanas y los meses, fue desarrollándose en él una tranquila confianza, se estaba afirmando a sí mismo. Maduraba según su propio ritmo y velocidad. Empezó a sobresalir rápida y repentinamente, en comparación con los criterios sociales establecidos —académicos, sociales y deportivos—, yendo mucho más allá del llamado proceso natural de desarrollo. Con el paso de los años, lo eligieron varias veces como delegado de su clase, llegó a destacar en natación y llevó a casa unas notas mas que notables. Desarrolló una personalidad atractiva y franca que ahora le permite relacionarse tranquilamente con todo tipo de personas.

A día de hoy, Elisa y Miguel creen que los logros "socialmente notables" de su hijo son una expresión de los sentimientos que experimenta respecto de sí mismo más que una mera respuesta a las recompensas sociales que obtiene. Esta fue una experiencia sorprendente para Elisa y Miguel, muy instructiva en el trato con sus otros hijos, y también en otros roles. Les hizo tomar conciencia, en un nivel muy personal, de la diferencia vital que existe entre la Conducta de la Ética y la Conducta del Personaje.

"Espero que siempre poseas firmeza y virtud suficientes para mantener lo que considero el más envidiable de todos los títulos, el carácter de un hombre honesto." George Washington

Las emociones son algo individual y, tanto a nivel personal como en la familia, juegan un papel determinante a la hora de gestionar acontecimientos y relaciones entre el grupo. Muy a menudo, para una misma situación, un miembro de la familia sentirá rabia, mientras otro sentirá tristeza, otro miedo, y puede que incluso otros, sientan alegría. Es el encanto de la complejidad, la belleza del ser humano

Tu hijo no es un ser aislado, forma parte de varios sistemas (familia, amistades, aula, etc.) y muchas veces resulta muy beneficioso para el proceso poder implicar a uno o mas miembros de su familia a la hora de hacer sesiones. El coaching para padres os permitirá ver este conjunto de emociones como un indicador, un síntoma de un problema más profundo o lejano. Esta metodología puede permitir a los padres ver el lado positivo de este conjunto de emociones, y sobre todo, actuar de manera diferente.

¿Y si os ayudase a ver oportunidades que ahora no veis con vuestro hijo?